Lecciones de verano

por Yamil Gonzales

Este verano decidí trabajar en un campamento de verano en Taiwán, lo que sabía antes de venir era que iba a ser un english camp, en otras palabras que los niños venían para aprender inglés. Lo que puedo decir ahora es que los extranjeros aquí somos una mezcla entre imagen publicitaria/decorativa/exótica, accesorio y por último participantes a medias, para mí sigue el mismo lost in translation donde prefieren no involucrarme para no complicar más la cosas; la mayoría de mis sugerencias los deja en shock y en general es mejor seguir las instrucciones para no colapsar el frágil sistema en el que se mantienen.

Los taiwaneses parecen valorar mucho sus trabajos, su nivel de compromiso en cada cosa que hacen es admirable, sé que para muchos de mis conocidos tener un trabajo de verano en un campamento cuidando niños representaría un fracaso y lo último que se podría esperar de ellos es una sonrisa en la cara y entusiasmo al desarrollar las actividades. Pero no es el caso de los taiwaneses quienes se comprometen trabajando -casi todos los días- hasta las 2 a.m. planeando las actividades del siguiente día.

Antes pensaba que un trabajo donde se tenía que trabajar hasta más de las 1:00 a.m. todos los días era sin más ni más explotación, pero ¿qué pasa cuando los trabajadores voluntariamente se ofrecen y hasta se sienten compromeditos y contentos en hacerlo?

A veces siento que les falta un poco de crítica, hacen lo que hacen simplemente porque son las órdenes de quien está arriba, no se preguntan (o por lo menos no lo preguntan en voz alta) “¿será que esta es la mejor forma de hacer las cosas?, ¿qué pasaría si cambiáramos X por Y?”. Una de mis preguntas fue por qué hacer reuniones tan largas todos los días; reuniones de mínimo 2 horas todas las noches, por qué no un sólo día donde decidan lo que van a hacer por el resto de la semana por ejemplo, nadie me pudo explicar el por qué, es simplemente “the way it is” es la forma en que lo hacen, que lo han hecho y que les ha funcionado por lo tanto para ellos es válido y -hasta donde logré entender- no vale la pena cuestionarlo.

En cuanto a los niños en el campamento siento que la forma sobreprotectora y conservadora en que manejan casi todo termina arruinándolos (tienen manual para cualquier cosa, incluso para jugar), a los niños aquí se les mata la creatividad a un nivel mayor que en latinoamérica.

En una ocasión que los llevamos a “pasar un buen rato” a la piscina les tomó hora y media de instrucciones y calentamientos previos para finalmente -y muy para mi sorpresa- entrar en fila usando las gradas.

La gente ha sido lo mejor hasta el momento, desde taiwaneses muy agradables hasta ucranianos, ingleses, rusos, gambianos, estadounidenses y canadienses enamorados de Asia.

La lección más grande que he aprendido es que estoy lejos de entender la cultura taiwanesa pero ahora por lo menos tuve la oportunidad de ver un poquito atrás y entender dónde nace esa conducta tan peculiar.

Actividades como coreografías son muy populares en Taiwán, (quizás por la fuerte influencia japonesa y coreana que tienen) y verlo es algo impactante, impactante porque el taiwanés promedio es muy penoso (o respetuoso, cosa que en la práctica es muy difícil de diferenciar) pero no tienen pena para bailar -o intentar bailar- frente a todo mundo.

A veces siento que los taiwaneses son demasiado inocentes o ingenuos pero… ¿seré yo quien por haber crecido en un sociedad caótica y desordenada ahora que estoy frente a un poco de orden me parece que es anormal?

No me malentiendan, he disfrutado cada día en este campamento, es como un taiwanese culture crash course, es una forma magnífica para aprender.